Lara se despertó con varios besos en la cara y una manita que le sujetaba la cabeza para mantenerla quieta.
Ella se limitó a sonreír, con los ojos cerrados y los brazos estirados, rindiéndose a los besos incesantes.
Pronto se abrió la puerta y Marie entró, sonriendo ante lo adorable de la situación.
«¿Cuándo vas a dejar de inundar la cara de tu mamá con estos besos matutinos, Arden?», le preguntó.
«Nunca, tía Marie», respondió Arden negando con la cabeza. «Mi maestra nos dijo que amáramos a