Capítulo 84. Solo son negocios.
—¡Taxi!—, gritó Adalberto Mijares levantando la mano en la orilla de la calle.
El automóvil amarillo se detuvo y el abogado entró en la parte trasera del vehículo.
—¿Español?—, preguntó Adalberto con la esperanza de que ese hombre ucraniano hablara al menos una pizca de su idioma.
—Hi...—, dijo ese hombre gruñón y de mal humor.
—Demonios...—, exclamó Adalberto sabiendo que hi significaba no.
Usó el traductor de su teléfono para poder hacerle saber a ese hombre que debía llevarlo al centro