Capítulo 54. Me enamoré de ella
La saliva del doctor Spencer era tan agria como el ron más amargo. Pero aún así hizo el esfuerzo para tragar con dificultad el nudo tan grueso que se había generado en su garganta. Nunca antes había sentido tanto miedo de dar un diagnóstico en su vida.
Steven podía sentir la mirada desesperada de Ximena sobre él. El destino de esa mujer estaba en sus manos, pero era imposible ser valiente teniendo a un mafioso tan peligroso como Félix Lancer respirando en su nuca y haciendo presión para recibi