Capítulo 23. Monstruo sin alma
Esa tarde llegó un enorme convoy de patrullas a la plaza principal de la ciudad. Los vehículos de la policía rápidamente rodearon el lugar y también a los manifestantes que comenzaban a salir de control.
—¡Ya saben que hacer! ¡Todos a sus posiciones!—, gritó el jefe de la policía que fue el primero en bajar de una patrulla—, ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!
Uno tras otro fueron bajando los agentes armados como si fueran directamente a una guerra. En cuestión de segundo formaron una línea de defensa en