122. El rincón que quedó vacío
La mañana llegó con una luz demasiado brillante para una casa que aún sostenía los restos de la noche anterior. James despertó primero, captando el suave tintinear desde la cocina—Emma ya estaba allí. El aroma del pan tostado se deslizaba por el aire, mezclándose con un silencio que aún no se había disipado del todo.
Ethan bajó las escaleras con pasos rápidos, sujetando una hoja de dibujo. Su cabello seguía desordenado, sus ojos brillaban con un único propósito.
—Papá —dijo alegremente—, el tío