CAPÍTULO 63
La pequeña cabaña rústica en los Alpes bávaros finalmente había quedado en silencio. Los trillizos, exhaustos por todo lo sucedido desde que llegaron al aeropuerto hasta la huida de Múnich, habían caído rendidos del sueño en las literas de madera, envueltos en gruesas mantas de lana gracias a Ava. Leo aún abrazaba su tableta, Lía su cuaderno de bocetos y Luca... Luca simplemente se había derrumbado, todavía con migas de galleta en la comisura de sus labios.
En el salón principal, el