CAPÍTULO 64
Noah, Ava y los trillizos llegaron al lugar, pudieron entrar y avanzar por un largo pasillo que, de acuerdo a los planos que tenían, los llevaría hasta el sótano, nadie se interpuso en su camino, aunque iban alertas mirando hacia todos lados, descendieron por unas escaleras metálicas y otro pasillo los recibió.
El aire en el sótano del Castillo del Halcón no era simplemente frío; era un frío quirúrgico, con ese olor metálico a nitrógeno líquido y ozono que Noah conocía demasiado bie