Mundo ficciónIniciar sesiónCAPÍTULO 2
Tanto Noah como los tres niños miraron con ojos y bocas muy abiertos al abogado, tal vez pasó desapercibida a los presentes, pero la expresión de los cuatro fue idéntica.
–¿Qué dijo? Me repite, por favor –exigió Noah.
–Su hermana dio a luz trillizos hace casi cuatro años y son estos pequeños, durante más de tres meses han estado en una institución esperando el resultado de las investigaciones, pero como ya le informé, la conclusión no fue favorecedora, entonces, ahora mismo se debe decidir el futuro de los pequeños. Siendo usted su único familiar conocido y, además, mencionado entre los documentos de su hermana como su tutor, el siguiente paso es retirarlos de dicha institución y formalizar que, de ahora en adelante ellos serán su responsabilidad.
Noah escuchaba y le parecía estar en otra dimensión, sentía cubos de hielo recorriéndole la espalda. “¿Qué decía ese hombre? ¿Tutor? ¿Su hermana lo nombró tutor de sus hijos? ¿En qué momento? Él ni siquiera sabía que existían.”
–Un momento, no puedo hacer eso, ¿hacerme cargo de tres niños? ¡Imposible!
–Bueno –dijo el hombre del bigote blanco–, si el señor los rechaza me hago cargo y tramito su traslado a familias de acogida hasta que los adopten.
Noah observó que los tres niños se agruparon agarrados de las manos, hicieron un círculo y unieron sus frentes, eso lo descolocó, le movió el piso y, contra todo su razonamiento, dijo:
–Me los llevo –anunció como si estuviera en una tienda, los niños alzaron la mirada hacia él y fue la niña quien habló.
–Pero tú no nos quieres, ¿para qué nos llevas?
–Porque somos familia.
–Cierto, mamá dijo que tenía un hermano mellizo y nos mostró una foto, aunque ahora no te pareces mucho –señaló el niño del jean.
–¿Está seguro? –preguntó el del bigote blanco para corroborar.
–Por supuesto, no voy a permitir que se los lleven para que un extraño los adopte.
–Hasta que dijo algo razonable –comentó el niño del corbatín en un resoplido.
–Pueden retirarse, mañana pasaré por la institución a buscar las pertenencias de los niños –les dijo el abogado a las personas de Servicios Infantiles.
–Los documentos de los niños, yo tengo… –dijo el hombre.
–No los necesito –interrumpió el abogado–, yo conservo todos los originales.
Luego de que los representantes de Servicios Infantiles salieron de su despacho, el abogado hizo las presentaciones formales.
–Doctor Langley, ellos son Leo, Lía y Luca Sheppard-Langley, hijos de su hermana Katherine y su esposo Maxwell Sheppard. Niños él es el doctor Noah Langley, hermano de su madre, por consiguiente, su tío y desde hoy vivirán bajo su protección.
–¿Desde hoy? Debo buscar un hotel o algo acorde para alojar tres niños –argumentó Noah.
–Dentro de las tantas instrucciones que tengo de su hermana, está incluido de manera muy explícita que le entregue las llaves de la casa que habitaba con su esposo e hijos, permítame buscarlas.
***
El chofer que lo había trasladado ese día esperaba cuando Noah salió del edificio con los tres niños y notó que sonrió ampliamente cuando vio a los pequeños.
–Hola niños.
–Hola Jeferson, ¿cómo has estado? –saludó el niño del corbatín.
–Saludos Jeferson, ¿todo bien? –expresó el niño del jean.
–¡Jeferson! Por Dios, al fin nos llevarás a casa –exclamó la niña.
–Buenas… ¿Jeferson?, me presentaré formalmente, soy Noah Langley, tío de los niños y su tutor, según mi hermana –dijo extendiendo su mano.
–Lo sé, el licenciado me explicó todo, entonces…, ¿a la casa?
–Sí, por favor.
Los niños se acomodaron en el asiento de atrás y Noah se sentó al lado del chofer.
–¿Tiene tiempo trabajando para ellos?
–Bueno he trabajado para el señor Sheppard, padre de los niños, desde que tenía quince años y ya tengo treinta y tres, así que conocí a la doctora desde que se hicieron novios y luego a estos chiquillos, que son unos genios, le advierto; no podrá conversar con ellos sobre temas infantiles porque se aburrirán, he tenido que leer mucho para hablarles cuando los llevo a alguna parte. Fue una verdadera pena que no me permitieran cuidarlos luego del… hecho terrible, pero cuando me informaron de un familiar y que venía en camino, respiré aliviado.
–Muchas gracias Jeferson –manifestó el niño del corbatín, con mucha seriedad.
–No me agradezcas Leo, estaba realmente angustiado buscando una solución.
–Si te decidieras a pedirle matrimonio a Laurita, tal vez hubieras sido apto para adoptarnos –replicó el niño del jean.
–No te queda ser cupido Luca, Laurita y yo somos muy buenos amigos.
–Que pierden el tiempo mirándose como unos corderitos sin decirse lo que sienten –protestó la niña.
–Ah y otra cosa, son sumamente observadores y sacan conclusiones erradas con frecuencia –comentó el chofer recalcando lo de “conclusiones erradas”.
El trayecto continuó con Jeferson hablándole a Noah sobre su hermana y su esposo, así se enteró de que él era también científico, muy interesado en la biomedicina y que, junto a Katherine habían logrado muchos avances, pero últimamente había uno que los ocupaba muchísimo y ya estaban hablando de patente, por lo que él supone que era algo muy importante.
Noah escuchaba atentamente y tomaba nota mental de todo, entendía que su hermana se había alejado un poco de los teoremas matemáticos para dedicarse a la investigación con su esposo quien, aparentemente, disponía de una gran fortuna.
Llegaron a la residencia y Noah se asombró con la gran construcción, muy moderna e iluminada.
–He estado aquí solo esperando el regreso de los niños, pero he tratado de mantener todo en orden, el resto del personal fue suspendido hasta que la investigación se resolviera, no son muchos: La señora Aura, encargada de la cocina y Joshua el jardinero son pareja, de la limpieza se encargan Laurita y su madre doña Alba, ellas acuden tres veces por semana, los puedo hacer regresar cuando usted disponga, entiendo que ahora es el jefe –señaló Jeferson abriendo remotamente el portón de acceso a la propiedad.
–Sí, ya nos organizaremos, porque tengo mucho en qué pensar.
–Bueno Jeferson, como ya regresamos a casa, podemos continuar nuestra investigación –indicó Luca descendiendo del vehículo.
–¿Cuál investigación? –indagó Noah.
–¿Cómo debemos llamarte? –preguntó Leo.
–Creo que tío estaría bien –respondió Noah.
–Bueno tío, entonces vamos a reunirnos en el salón para ponerte al tanto de nuestras ideas –explicó Luca.
Entraron a la casa, muy minimalista, con grandes cuadros en las blancas paredes, pocos muebles, pero funcionales, nada fuera de lugar, nada ostentoso y nada sin utilidad real.
Los niños tomaron asiento y Noah se ubicó frente a ellos, expectante a lo que querían compartir con él.
–Nosotros iniciamos nuestra propia investigación, que fue interrumpida cuando nos llevaron a Servicios Infantiles –dijo Luca.
–¿Por qué lo hicieron?
–Mamá y papá trabajaban desde el laboratorio que construyeron detrás de la casa, cada tarde a las seis dejaban lo que estuvieran haciendo para venir a comer con nosotros, era nuestra hora de reunión, pero había una gran tormenta, deben haber estado esperando para venir hacia acá cuando desaparecieron.
–¡¿Cómo?! –exclamó Noah asombrado–, ¿desaparecieron de aquí mismo?







