―¿Crees que sea conveniente que nos quedemos hablando aquí mismo?
Me siento en una de las sillas frente a ella, dispuesto a escuchar lo que tiene que contarme.
―No te preocupes, hijo ―expresa calmada―. No escuchará nada de lo que hablemos.
Asiento en respuesta. Miro hacia la puerta del baño y luego le presto toda mi atención. Comienza a relatar todas aquellas terribles y difíciles circunstancias por las que atravesó mi esposa, desde que despertó en aquella solitaria y fría habitación del hosp