27. Capítulo: "Dulce y Amargo"
Sus manos continuaban agarrando mi rostro, sutil, suave, pero no le permití que me atontara más de lo que ya. Me alejé, retrocedí con lágrimas contenidas en los ojos. No podía jugar al malo y al bueno a la vez, no tenía ningún derecho de manejarme a su antojo, endulzarme, y luego noquearme con un golpe amargo.
—¿Cuál es tu juego, Ismaíl? —escupí ardida —. Claramente me estás mintiendo, no soy tonta.
—Exacto, es justo eso lo que me gusta tanto de ti —acortó la distancia impuesta por mi tembloros