POV de JOSE
—¡Vargas! ¡Vargas, mírame! —la voz de Bruno era una distorsión lejana, una frecuencia de radio que perdía la señal en medio de una tormenta de nieve.
Sentí manos firmes arrastrándome fuera de la cabina. El aire gélido de la madrugada me golpeó los pulmones, provocando que tosiera un reguero de sangre oscura que salpicó mis propios guantes de cuero. Cada movimiento era una puñalada; cada latido de mi corazón herido, un martillazo contra el hueso que me obligaba a soltar jadeos que no