Fue un domingo, cuando Nammi despertó y besó a Luc, un beso tierno y cálido que el mayor no pudo sacar de su cabeza en todo el día, el aroma de su piel, el sabor de sus labios y la suavidad de su contacto, aunque mínimo, se quedaron grabados en su memoria como una melodía constante y dulce.
Durante el desayuno, Luc no podía dejar de mirarla, fascinado por su tranquilidad y la paz que irradiaba, si la mujer perfecta existía, esa era Nammi, aun le costaba comprender las palabras que la joven le h