Tártaro
Las tres diosas me miraron con curiosidad.
Hermes vomitó una vez más y me giré hacia él, saliendo de mi aturdimiento inicial y arrodillándome a su lado.
- ¡Hermes!- lo llamé y siguió vomitando sangre.
- Está contaminado.- anunció el mayor acercándose.- este lugar les hace eso a los dioses, después de un tiempo aquí los enferma.- dijo, su voz era ronca y arrastrada.
Observé el ceño fruncido en su antiguo rostro.
La más joven soltó los cables que sostenía y se acercó a la anciana, susurrá