En esa habitación, de pie mirando a Perséfone, me di cuenta de lo mal que estaba todo, era un verdadero desastre.
Sentí unas ganas terribles de llorar pero no lo hice, me acerqué a su cama y noté como su rostro se veía apacible, incluso sereno.
¿Estaba teniendo buenos sueños?
Y lo más importante, ¿cuándo se despertaría?
Toqué su mano y ella como era de esperar cayó sobre la cama completamente inerte.
Escuché los pasos de Eaco detrás de mí.
- ¿No hay otros aliados troyanos? preguntó con cautela.