- ¿Cómo llegó allí? preguntó mientras me ponía de pie.
- Hija de Zeus.- exclamó una voz con aspereza.
Eaco y yo buscamos en vano la fuente de la voz.
No habia nadie.
- En el río idiotas.- Giramos en la dirección que indicaba la voz.
Y para mi total sorpresa a la orilla del río había una figura humanoide, su piel era casi transparente y su altura considerable, sus ojos azules muy claros estaban fijos en mí específicamente.
- ¡Vuelve a tus deberes Aqueronte!- ordenó el juez Éaco a mi lado.
El río