Cuando escuchó su celular, Helena no pudo creer que la estuviera llamando el número que apareció en pantalla.
—¿Andrés? —preguntó, incluso antes de saludar.
No podía ser que quisiera verla de nuevo, sabiendo que León estaba en la isla y que dormiría con ella esa noche. No podía ser tan descarado.
—Sí, ¿cómo has estado?
—Oye, lo siento, estoy ocupada, hoy no podemos vernos…
—No, escúchame, no llamo por eso.
—Ah.
—¿Puedes salir esta noche a la ciudad?
—Acabo de estar allá, ¿qué ocurre?
—Hay al