Escape

Después del tercer día de encierro, Fabricio estaba desesperado. Los periodistas seguían abajo y ya habían incluso llegado con mini vans en las que se cambiaban de ropa, preparaban café, dormían y almorzaban. Estaba asediado y la única forma de salir era enfrentándolos. Sonia, por su parte, también comenzaba a exasperarse y las peleas entre la pareja eran a cada hora más frecuentes y con mayores alcances. 

—Voy a salir, Fabricio, no lo soporto más —dijo Sonia, ya vestida y maquillada para enfrentarse a los medios.

—No, aguarda solo un poco más —contestó Fabricio, con el celular en la mano. Desde que empezó el asedio, el teléfono se había convertido en una parte esencial de su cuerpo—. Ya estoy haciendo unas llamadas

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