Dejé a Freya encerrada en la habitación, el eco de sus súplicas aún resonando en mi mente, pero mi corazón estaba endurecido por la traición que sentía. Cada paso que daba alejándome de ella, mi furia crecía, alimentada por las imágenes de aquellos sueños que ella y Giafranco compartían.
No podía quitarme de la cabeza la idea de que, en algún nivel, esos sueños significaban algo más profundo, algo que amenazaba con destruir todo lo que habíamos construido juntos.
Mi respiración era pesada mien