La luna colgaba alta, bañando con su brillo plateado el denso bosque que parecía susurrar secretos antiguos. Caminaba junto a Giafranco, su mano cálida en la mía mientras avanzábamos por la maleza. El aire se sentía antiguo, cargado de una energía que erizaba mi piel. Salimos de entre los árboles para encontrarnos con una vieja cabaña de madera, cuyos tablones desgastados contaban historias de épocas pasadas.
—Freya —la voz de Giafranco era suave, casi reverente. Se giró hacia mí, sus ojos prof