El aire del bosque, cargado con el olor a pino y tierra húmeda, se aferró a mis sentidos mientras me dirigía a casa. Un dolor hueco se instaló en mi pecho, cada latido de mi corazón era un eco doloroso de la realidad que no estaba lista para enfrentar: papá se había ido. Mis pies se movieron por sí solos, llevándome hacia lo inevitable.
Antes de llegar a casa vislumbré a Amber quien provenía de la dirección del castillo. Hizo una pausa, sintiendo mi presencia, sus ojos color avellana se fijaron