—¡No! —gritó la mujer, negándose a seguir el camino inteligente. Negándose a seguir lo que cualquiera elegiría en su caso.
—Jade… —murmuró Adriel, mostrando su desacuerdo con un ligero gesto de la cabeza.
—Elígeme a mí. Déjala a ella —exigió con aspereza.
—No estamos hablando de Charlotte —agregó él con frustración, dándose cuenta de que sus palabras acababan de ser lanzadas en saco roto.
—Sí, sí que estamos hablando de ella. Porque si no existiera, ¡entonces no me estarías rechazando de e