—Adriel —murmuró Jade con una vocecita que no lograba reconocer.
¿Qué era ese sentimiento que se había apoderado de su voz?
¿Pasión?
¿Deseó?
¿O quizás… anhelo?
No lo sabía con exactitud, pero lo único cierto era que ya no podía seguir mirando a este hombre de la misma forma que antes.
—Jade —dijo él en respuesta, mirándola con cierta extrañeza, sin dejar de jugar con los bebés.
«Era un buen padre», el pensamiento la asaltó repentinamente, haciendo que el atractivo natural de