Jade se quedó petrificada junto al interruptor de la luz, su dedo aferrado al botón, mientras sentía cómo la sangre se helaba en sus venas lentamente.
Su esposo la miraba con ojos oscurecidos y plagados de molestia, una molestia que sin duda alguna iba dirigida completamente a su persona. Era evidente que verla llegar a medianoche no era algo que Adriel pensara disculpar o aceptar.
—¿Dónde estabas? —repitió la pregunta, acercándose hacia ella como un depredador que buscaba capturar a su insulsa