Faltando un día para la boda, Adriel Meier recibió una visita inesperada en su oficina. Se trataba de Fabián Arison, su futuro suegro y amigo cercano de sus padres.
Al tratarse de un hombre mayor y una figura de respeto, el joven asintió con solemnidad y lo invitó educadamente a sentarse.
Actualmente, se encontraban en la empresa de su madre, donde trabajaba liderando la misma, en vista de que su progenitora pensaba jubilarse y cederle toda la responsabilidad pronto.
Siempre había sido un joven