—Señor Juez, me gustaría también hacerle una serie de preguntas a la señora Orena, si me lo permite —solicitó el abogado de Natalia colocándose nuevamente de pie.
—Concedido —accedió el juez.
El hombre se aproximó con calma hacia donde se encontraba la testigo, mientras sopesaba seriamente sus próximos movimientos.
Debía de ser cuidadoso, puesto que la parte acusadora había sabido muy bien cómo tejer sus mentiras, así que debía desbaratarlas una a una.
—Sé que acaba de contarle a la sala de es