Fabián se levantó inmediatamente de su asiento al escuchar el nombre de su madre, siendo llamada como testigo. Observó entonces hacia la puerta de entrada del tribunal y la vio ingresar con altivez.
Iba reluciente.
Parecía haber puesto especial empeño en su atuendo, en ese vestido rojo de diseñador que, de no ser por él, no pudiera ni siquiera costearse, pero aun así había decidido ignorar su solicitud y desafiarlo.
Los ojos de Orena se encontraron con los suyos en ese momento y parecían retarl