—Quizás tú no has terminado, pero yo sí.
Natalia intentó soltarse de su agarre sin éxito.
Mientras la mano del hombre la retenía en el lugar, no pudo evitar preguntarse cuál era la obsesión de Roberto y Fabián de sostenerla de semejante forma. Parecían unos cavernícolas los dos.
—Podría jurar que no te trata bien —continuó Roberto con sus suposiciones.
Natalia odió el hecho de tener que darle la razón, aunque evidentemente esto no se lo diría jamás.
—Pues estás muy equivocado.
—¿Lo estoy, Natal