CONNOR
—Y... está hecho.
Estaba sentado en la barra de la cocina de la casa principal de la finca de Jacob y Danielle. Mi hermano y yo estábamos frente a una laptop, finalizando el contrato para mi donación a la clínica. La luz del atardecer se colaba por las ventanas del oeste.
Presioné “enviar” en el correo para mi asesor financiero. La computadora hizo ese sonido de “whoosh” al mandar un email.
—Eso es todo —dijo Jacob, dándome una palmada en la espalda—. Ahora eres el principal donante de l