Lo pensó. Vaya que la pelinegra lo consideró por unos infernales 30 segundos de su vida. Frunció el ceño mirándolo.
—Me niego a ser un entretenimiento para satisfacerte. No quiero eso. Solo me hará daño —admitió. Lo vio a la cara.
La conclusión a la que llegó lo tomó por sorpresa, aunque eso no evitó que sintiera cierto grado de culpabilidad. Desvió la vista.
—Sí, yo...
—Espero que les guste este vino. —Interrumpió Logan en el ambiente tenso con una botella en la mano y leyendo la etiqueta.
Cia