—¿Qué? ¿Qué recordaste? —Damián arrugó las cejas y se sentó.
Parpadeó, todavía recobrando la consciencia de lo que había pasado. Tomó asiento en la orilla de la cama, le dio la espalda al empresario y se puso de pie.
—Y-yo solo... tengo que salir de aquí, tengo que irme, Damián —murmuró más para sí misma que para alguien externo.
Caminó a tropezones hasta encontrar la salida, atravesó el pasillo y subió al ascensor. Terminó en la terraza, agitada. Corrió hacia el borde y se aferró a las rejas