Oficialmente estaban casados. Habían sobrevivido a la noche de bodas tan esperada como unos campeones. Ciabel había actuado en automático. Apenas había entablado conversaciones y de todas ellas solo recordaba una breve y escasa charla con la madre de Damián, Emma, quien se había limitado a decirle: "—Espero que seas feliz". Lo que lejos de hacerla sentir bien, le recordó lo idiota que había sido tiempo atrás y el daño profundo que le causó al castaño y a su madre.
Quiso vomitar.
Desde el momen