Estaba a punto de casarse con Ciabel Armstrong. Y a pesar de que todo fuera una farsa, o al menos casi todo, no podía evitar sentirse el hombre más afortunado del mundo.
No entendía su motivo. Ciabel era su perdición y tal vez por eso sí la detestaba. Lo iba a destruir tarde o temprano y la cosa se complicaría.
Las puertas se abrieron y vio a su prometida avanzar hacia él de blanco. Parecía un sueño. Estaba tan preciosa. Lo veía y él la veía.
Esas miradas no tenían nada de fingido. Estaban j