—¿Quieres explicarme por qué demonios no llamaste a la policía al segundo de que dijera eso? —habló Damián.
El castaño estaba furioso. Había tenido que soltarlo y alejarse para controlar su deseo de golpearle la cara. Se pasó ambas manos por el cabello y gruñó bajo.
—¿Por qué no me dijiste nada, Logan? —inquirió con paciencia.
El nombrado respiró profundamente, aún sobre el sofá y le sonrió.
—Bueno... es una larga historia, pero es que sabía que la entrevista era importante para ti y para Ciab