Bueno, sí. Damián tenía razón. Ni ella misma se había percatado del significado de las palabras que había dicho en un segundo. No estaba tan rota en realidad. Quería creer que era más fuerte que un par de comentarios.
—Lo siento. —Se aclaró la garganta—. Yo... solo... Estoy cansada y lo que me dijo me afectó un poco. —Se sacó los tenis y subió los pies al sofá con la vista hacia el costado y evitando mirarlo. No dejó de mecer a Ciro.
Ladeó la cabeza, comprensivo y negó.
—Perdón por eso —dijo en