De regreso, parecía que a ambos les había comido la lengua el gato. El único que hablaba era el chófer de Damián, quien le preguntó si se dirigían a un lugar en específico o directamente a la casa.
—A casa —respondió a secas. Algo de lo que se arrepintió, pero ya había salido así de su boca. Tenía muchas cosas en su cabeza dando vueltas. Malditas hormonas. Ni que fuera un adolescente. Estaba molesto con sí mismo, claro que sí. Era inaudito. Dentro suyo sonaban todas las alarmas metafóricas que