Tenerlo frente a ella sin duda nublaba todo sentido de raciocinio. No tenía otra explicación de por qué estaba callada y viéndolo a la cara sin expresar nada más que estupefacción.
Realmente no quería dejarlo ir. Si había ido hasta Los Ángeles para buscarla, tenía que significar algo.
Sonrió despacio, dudosa.
—Bien. Voy a aceptar eso —susurró.
Le pareció sorprendente la manera en la que estaba reaccionando. Estaba muy calmado, pese a saber que sería padre.
—Aún así —se adelantó al ver que la