Justo cuando estaba a punto de dar una respuesta medianamente decente, el mundo pareció desaparecer en los ojos de Damián.
—C-cía... Creo que algo me está pasando —susurró.
Estaba de pie frente a su escritorio, cuando su corazón empezó a latir con tal fuerza que empezó a marearse.
—¿Qué?
—Me duele el pecho —susurró—. Ciabel....
—¿Q-qué? ¿Qué está pasando? Por favor dime qué estás bien —pidió en voz baja.
Esa noche fue un martirio para, bueno, básicamente todas las personas que velaban por la se