Tomamos asiento en una de las mesas que están afuera y miro a mi amiga, luego le dedico una pequeña sonrisa, esperando que con esto se tranquilice, pero solo consigo el resultado contrario, ella me toma de las manos y las aprieta suavemente, su tacto es cálido y delicado.
—Tris, cariño— Susurra con tristeza. —Te conozco lo suficiente como para saber que algo te ha llegado al fondo ¿Qué es lo que ocurre, cariño?
—Mari, me siento miserable— Confieso enseguida.
Le cuento lo ocurrido ese día con mi