Una vez que está todo firmando, cierra la carpeta y luego la guarda en uno de sus cajones con llave, se levanta de su asiento y camina en mi dirección, ofreciéndome su mano. No me atrevo a mirarlo, así que solo me limito a aceptar su gesto para levantarme de mi lugar, estoy tan aturdida y triste, que no tengo fuerzas para ponerme de pie por mi propia fuerza.
—Vamos a comer juntos por última vez.
—No estoy arreglada para ir a algún lugar— Contesto en un suave murmullo, trato de ahogar mis solloz