A las ocho de la noche, Ximena envió el itinerario que había organizado a Alejandro. Después de dejar la oficina y masajear su cabeza que comenzaba a doler, vio a Eduardo esperando junto al coche. Al verla, Eduardo se acercó y dijo: —El señor me dijo que te llevara a casa.
Ximena lo rechazó: —No es necesario, regreso sola.
Eduardo respondió: —Señorita Pérez, hay algo que no sé si debería decirte.
Ximena alzó la mirada, con voz débil: —¿Qué quieres decir?
—El señor sabe que estuvo enferma, po