Felipe mostró una ligera sorpresa en sus ojos.
—Señorita Pérez, ¿estás tan segura?
Ximena sonrió irónicamente.
—¿Qué crees que es él? Cuando me golpeó tu padre, él hizo como si no hubiera escuchado nada. ¿Crees que vendrá por una simple cena entre nosotros dos?
Felipe sonrió.
—Está bien, entonces elijo que vendrá.
Ximena preguntó con escepticismo:
—¿Tan seguro estás?
Felipe dio un sorbo a su café.
—Señorita Pérez, ¿acaso no lo entiendes lo suficiente? Él me odia.
—Tienes razón.— Ximena solt