La enfermera de la habitación estaba programada por su padre, y siempre eran las mismas caras todos los días. Pero hoy, la presencia era extraña, y su manera de hablar era extraña. ¿Cómo no iba a darse cuenta de que alguien había sido enviado para sonsacarlo intencionalmente?
Felipe, con calma, tomó su teléfono y escribió unas pocas palabras lentamente:
—Siempre tienes tus propias ideas, señorita Santos.
Al recibir la respuesta, Manuela miró la pantalla con perplejidad. ¿Qué quería decir con es