Ninguna explicación que Regina pudiera ofrecer en este momento sería de utilidad. La computadora, una vez conectada al cable de datos, parecía estar infectada como si fuera un virus, y Manuela no tenía control sobre ella en absoluto.
— ¿Aún insistes en que no sabías?— Manuela se enfureció y se levantó de su silla, se acercó a Regina y apretó con fuerza sus mejillas, forzándola a levantar la cabeza. —Te lo preguntaré de nuevo. ¿Sabías o no sabías?
Las lágrimas seguían cayendo de los ojos de Regin