Veinte minutos después, Ximena los llevó de regreso a Villa Rivera. Cuando salieron del coche, los guardias de seguridad que estaban en la puerta los miraron con expresiones de sorpresa.
Ángel, que nunca había visto guardias de seguridad antes, se acercó con grandes ojos llenos de curiosidad. Se acercó a los guardias y los tocó, diciendo:
—¡Oh, son personas reales! ¡Se quedan tan quietos que parecen maniquíes! ¿Son guardias de seguridad?
Uno de los guardias de seguridad se sintió molesto y leva