Alejandro frunció el ceño, frustrado.
—Te estoy ofreciendo lo que quieres, ¿y no puedes responder una simple pregunta?
Liliana lo miró fijamente.
—No me preguntaste primero y luego intentaste sobornarme. De todos modos, planeas regalarme una muñeca.
La expresión de Alejandro se oscureció al darse cuenta de que no solo tenía un niño difícil de manejar, sino dos. ¿Cómo lidiaría con ambos?
Mientras tanto, en Villa Rivera, Ximena vendió las rosas por varios miles de pesos y luego se dirigió al hos