—¡Liliana! ¿¡Estás loca!? —Mateo, inusualmente serio, exclamó—. ¡Se está derramando gasolina! ¡Podría explotar en cualquier momento! ¡No puedes ir!
Liliana se zafó frenéticamente de la mano de Mateo:
—¡No puedo abandonar a Fabián! ¡Todo esto es por mi culpa, no puedo quedarme mirando cómo le pasa algo!
—¡Iré yo!
Mateo jaló a Liliana de vuelta y, sin esperar su réplica, corrió hacia el taxi.
Liliana, sin atreverse a dejar a Mateo enfrentar el peligro solo, se estabilizó y corrió tras él.
Mateo ll