Liliana se encogió de hombros.
—No sé cómo explicarlo, tiene que ver con mis ojos y mi constitución.
—¿Eh?— Fabián no entendía.
Liliana señaló la ventana.
—¿Oyes esa música fúnebre? ¡Yo me dedico a eso! ¡A cazar fantasmas! ¿Ahora entiendes?
Fabián pensó un momento.
—Conozco a Zacarías del pueblo. Viniste con él, ¿verdad?
—¡Exacto!—dijo Liliana. —Si no, no habría dejado a mis papás...
Justo entonces sonó la campana. Liliana dejó de hablar para no distraer a Fabián. Pero durante toda la clase n