Zacarías miró a Liliana.
—Pequeña, ve a la escuela —dijo Zacarías con voz suave pero firme—. Yo iré a atender este asunto personalmente. Es algo delicado que requiere mi atención directa.
Liliana asintió, procesando la información. Sabía que la casa de la señora que Zacarías mencionaba estaba a solo unos minutos caminando desde su escuela. No sería un gran desvío para ella.
—Entiendo, Zacarías —respondió Liliana obedientemente, su voz llena de madurez más allá de sus años—. De todos modos queda