Fabián metió la mano en el bolsillo, preparado para sacar algo de dinero y evitar problemas. Su expresión mostraba preocupación mientras murmuraba:
—No quiero que te molesten por mi culpa.
Pero Liliana, con una valentía sorprendente, detuvo el gesto de Fabián. Sus ojos brillaban con determinación mientras encaraba a los matones, su voz firme y llena de indignación:
—¡No tengo miedo! —exclamó, su pequeño cuerpo temblando de rabia contenida. Luego, dirigiéndose directamente a los abusones, continu