Leo frunció ligeramente el ceño. —Nicolás, eso no es amable. Tú mimas más a Liliana que yo.
Nicolás se burló. —¿Yo la mimo? Imposible. Esa niña no es para ser mimada, se volvería engreída.
Leo miró a Nicolás en silencio.
Cuando mencionaba a Liliana, sus ojos claramente se llenaban de ternura y afecto. ¿Y eso no era mimarla? Nicolás sí que era testarudo...
Leo apartó la mirada y se agachó lentamente para meter la mano en el arroyo y agarrar una piedra.
—Nicolás, ¿cuándo piensas decirle a Liliana